El Bufón

El Bufón en el Teatro

Para entender la dimensión teatral de el Bufón  es necesario adentrarse en su misterio. El misterio del deforme.
Marginados, tullidos o desmembrados provocan en la sociedad mucho más que repulsión. Provocan asco, desprecio y una sensación colectiva de superioridad, tanto física como psíquica. Ante esta situación de desahucio; el deforme, sin embargo, ha ido encontrando a lo largo de la historia  un buen campo de cultivo en el que podía ganarse la vida: el circo, la feria… o bien, la servidumbre a la alta nobleza, la jerarquía eclesiástica o la realeza.  Los deformes no eran más que simples ratas vestidas de colores,  que habían nacido para permanecer en el estrato más bajo de la sociedad. Ni siquiera eran vistos realmente como seres humanos.
Aquí está implícito el verdadero misterio del bufón, una aparente paradoja: la extrema marginalidad era y es la base de su poder.

Bufones. Arturo Bernal

El poder de los Bufones

El deforme piensa: « puedo  decir lo que ningún ser humano puede decir puesto que yo no soy considerado como ser humano. Puedo decir que Dios no existe para mí mientras los obispos se tronchan y otros son quemados en la hoguera por las mismas palabras. Puedo reírme del abuso de poder del Rey sin represalias. Es más, el propio Rey me pide que lo haga. Puedo, por fin, poner boca al marginado. »

Hoy, en el siglo XXI El público, de manera consciente o inconsciente, sigue situando al deforme en este lugar infame y extremo; y es por esta razón y no por otra, que el bufón sigue teniendo el mismo poder.

El objetivo del bufón no es burlarse de la sociedad, es intentar ayudarla.

El bufón es un vidente inteligente capaz de desvelar las atrocidades de la humanidad, increpando al espectador para que despierte de su adormilamiento. ¿Quién sino él puede, hoy en día, gritar las crueles verdades que asolan al mundo sin ser quemado en la hoguera pero consiguiendo que le escuchen? El espectador permite ser increpado por él; de igual forma que el Rey permitía solamente a su bufón reírse de él.

El trabajo de base que hay que realizar con el alumnado es apartar, lo antes posible, la idea preconcebida que viene dada por un prejuicio: deforme = discapacitado mental.

Este ser que dejó hace tiempo de ser humano ha desarrollado su poder hasta el punto de hacer creer al público que sus acciones, sus palabras, sus gestos y su comportamiento es aleatorio, irreflexivo.
Les hace creer que su objetivo es hacer reír. La locura provoca la risa, el confort, la seguridad de quién lo observa… y justo cuando la relajación se instala en el patio de butacas, cuando la apertura del público es total; el bufón les increpa sin mesura. Toca sus entrañas a través de una extrema agresividad… les hace ver, cual vidente, los errores y desastres que comenten en sus vidas. No les increpa para vengarse, les increpa para ayudarles. Para que entiendan, pobres mortales, que viven en una mentira, cubiertos por un velo que hay que destapar, un velo que el deforme destapó hace ya mucho tiempo.

El espectador es tocado, movido, vapuleado y responsabilizado de sus actos.

Curso trimestral de Bufón